> Una semana en un velero de Windstar Cruises por las islas del Caribe fue nuestro ideal encuentro al buscar algo diferente para nuestras vacaciones. De 440 pies de eslora con cuatro mástiles y seis velas, éste se convirtió en una experiencia extraordinaria. Al zarpar, este elegante velero, comenzó a conducirnos sobre aguas de azul cobalto, mientras nos acariciaba la suave y refrescante brisa del mar.
En ocasiones anteriores, habíamos navegado por las islas del Caribe, pero no fue hasta ahora, gracias al tamaño del velero, que pudimos disfrutar de lugares donde sólo es posible acceder mediante embarcaciones más pequeñas.
En este velero no existe rutina ni formalidad, por lo que teníamos siempre la libertad de escoger lo que deseábamos hacer.
Toda vez que el barco acomoda sólo 146 pasajeros atendidos por una tripulación de simpáticos indonesios y filipinos, durante siete días nos sentimos como si hubiéramos estado paseando en un yate privado. Zarpamos domingo por la noche y el lunes en la mañáana, al sentarnos a desayunar, ya se nos llamaba por nuestros nombres. De ahí en adelante se mostraban orgullosos de conocer nuestras preferencias y se desvivían por complacernos y sorprendernos con atenciones inesperadas.
En este velero no existe rutina ni formalidad, por lo que teníamos siempre la libertad de escoger lo que deseábamos hacer. Vestíamos ropa casual-elegante a la hora de la cena y, como no hay mesas asignadas, teníamos la opción de cenar solos o en compañía de otros viajeros que íbamos conociendo durante la travesía.
San Martín
Nuestra primera parada fue en la isla de San Martín, interesantísima por su cultura dual: holandesa y francesa. Esta isla ofrece al visitante playas preciosas, tiendas de artículos de excelente calidad, buenos restaurantes y un ambiente ideal tanto de día como de noche. Ya que la conocemos bien, en esta ocasión sólo desembarcamos brevemente para realizar algunas compras (no pueden faltar) en las tiendas libres de impuestos, y retornamos al barco para disfrutar de las actividades acuáticas.
El velero abre una plataforma que se encuentra en la popa desde la que se te provee todo el equipo para disfrutar de: buceo de tubo (snorkeling), buceo, esquí acuático, aventuras en balsas en forma de guineo (banana boats), o simplemente nadar.
Más tarde, mientras zarpábamos hacia la próxima islita, nos sentamos en cubierta a tomar el té y a escuchar música del Caribe… uno de los momentos más relajantes del viaje.
San Bartolomé
En San Bartolomé alquilamos una motora para conocer la Isla. En pocas horas logramos verla toda y visitar varias de sus playas. Regresamos justo a tiempo para un merecido masaje aromático realizado por profesionales con mucha experiencia en este arte.
Todo lo que puedas necesitar para disfrutar, descansar y relajarte lo tienes a la mano a bordo de los veleros de Windstar Cruises.
Dominica
Por primera vez visitamos la isla de Dominica. De todas las islas del Caribe, ésta es la que más apreciarán los amantes de la naturaleza debido a su esplendoroso panorama tropical y los numerosos ríos y arroyos que contiene. Dicen los nativos de la isla que Dominca tiene 365 ríos, uno para cada día del año. Lo que llama la atención aquí es la belleza del interior de la isla y no sus playas.
Los árboles se entrelazaban formando un túnel a través de cuyas ramas se colaban los rayos del sol.
En muchos lugares las montañas llegan hasta el mar, y las pocas playas son de arena volcánica negra. Fuimos de paseo en un bote de remos por el río Indio y el paisaje era espectacular. Los árboles se entrelazaban formando un túnel a través de cuyas ramas se colaban los rayos del sol. En esta pequeña isla se vive mayormente de la agricultura y no existe mucho desarrollo hotelero, comercio, ni casinos. Es una islita que induce a la tranquilidad.
Como el crucero es pequeño, después de varios días nos sentimos como si hubiéramos planificado el viaje con un grupo de amigos. Compartimos con ellos las diversas actividades del barco y en las noches, luego de cenar, pasábamos ratos conversando o escuchando música.
Bequia
Para nuestra sorpresa, en la isla de Bequia, nos anunciaron que el “chef” nos deleitaría con una suculenta barbacoa a orillas de la playa. Pasamos una tarde maravillosa tomando el sol, bañándonos en el mar y bailando al compás de la música típica.
Esta experiencia en velero la puedes disfrutar también por el Canal de Panamá, las islas Griegas, Lisboa, Barcelona, Niza, Venecia, Estambul, Belice, Cancún, entre otros. <