Solvang está escondido en las montañas de San Rafael, 45 millas al norte de Santa Bárbara, California, cerca del valle de Santa Inés. Es un curioso pueblo típico holandés que no le envidia nada a pueblos similares como Aalbarg de Holanda.
Atardecer en Solvang. Foto:
James Neeley
Fue fundado a principios del siglo 19 por una colonia de holandeses que decidieron aislarse para tratar de conservar su cultura y tradición en territorio americano. Estos emprendedores habitantes, además de agricultores, eran carpinteros, educadores y artesanos.La arquitectura es una réplica exacta de lo que se podría ver en Dinamarca, pero en una proporción más pequeña, ya que Solvang sólo cuenta con dos avenidas principales y cinco calles transversales. Allí puedes encontrar comercios, panaderías, iglesias, museos, hoteles y otras estructuras importantes. En algunas de las calles se levantas faroles de gas traídos directamente de Copenhagen…y, claro está, el sello distintivo de los molinos holandeses.
Los dueños de las tiendas, vestidos con su ropa típica holandesa, regalan sonrisas entre buenos días, mientras barren la entrada de sus comercios.
Con sabor a Dinamarca
En todas las estructuras donde se izan banderas, siempre se encuentran juntas la de Estados Unidos y la histórica Danneborg, roja con una cruz blanca, la bandera más antigua del mundo.
Los dueños de las tiendas, vestidos con su ropa típica holandesa, regalan sonrisas entre buenos días, mientras barren la entrada de sus comercios. La temperatura agradable de las montañas contribuye a que la estadía sea más placentera.
Hasta en el área residencial se hacen palpables sus tradiciones, piensan que es de buena suerte tener a cigüeña cerca de la chimenea de sus techos, y éstas se multiplican en muchas casas. Durante el año tienen un calendario de actividades, como festivales de teatro, conciertos de música, espectáculos de bailes típicos, dianas holandesas, paradas de Navidad, que atraen a numerosos turistas de todas las edades.
En los alrededores
Muy cerca está localizada una reservación de los indios Chumash y algunos de los comercios del pueblo venden artesanías confeccionadas por ellos. También hay un grupo vaquero que lleva varias generaciones departiendo con la gente de este pueblo.
Caminar por las estrechas calles compartiendo con los residentes y saboreando las delicias gastronómicas y los exquisitos vinos de sus propio viñedos es una experiencia casi exacta a la que podría vivirse en la parte antigua de Dinamarca en Holanda; con la ventaja de que aquí no tienes que hablar holandés. <