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Seminoles, ayer, hoy y …


Por: Fernando J. Rojas e Iraida Otero

> “Buenos días. ¿La comunidad indígena de Seminoles es por aquí?”

“Ya están aquí, esta es la comunidad”

Podrán imaginar nuestra sorpresa al encontrarnos entre un grupo de personas vestidas como nosotros, hablando un perfecto inglés y rodeados de viviendas de construcción moderna.

Con una tímida sonrisa pero con mucha amabilidad nos dijeron. “Creemos que llegaron en el momento preciso, pueden conocer más sobre nosotros si se unen a una de nuestras celebraciones especiales que se estará llevando a cabo precisamente hoy y mañana, en el Gran Rodeo. El lugar está preparado para que en estas ocasiones especiales podamos hacer exposiciones de nuestras obras artesanales y también podrán disfrutar nuestros bailes alusivos al tiempo, a la salud y nuestras plegarias”. Fueron saciando nuestra curiosidad al ir gustosamente respondiendo a nuestras preguntas. Esto nos permitió comunicarnos mejor para poder conocer más a fondo su historia.


Creemos que llegaron en el momento preciso, pueden conocer más sobre nosotros si se unen a una de nuestras celebraciones especiales que se estará llevando a cabo precisamente hoy y mañana, en el Gran Rodeo.


Historia y cultura

Nos cuentan nuestros amigos que a principios del siglo dieciocho, miles de indígenas comenzaron a emigrar desde el Centro hacia el Sur de Estados Unidos. Muchos de éstos formaban parte de una confederación a la que pertenecían distintas tribus y esclavos escapados. Todos se lanzaron a la búsqueda de una mejor vida. A ellos les llamaron “si-min-oli” que significaba “salvaje o fugitivo”. Estos indígenas rechazaban ser dominados por los colonizadores blancos, por eso se unieron combinando sus culturas para formar el grupo conocido hoy como los Seminoles.

El tesón de sus antepasados perturbaba al gobierno americano de esa época que se dio a la tarea de re-capturar los esclavos y sacar a los indios del camino del progreso.

Con expresión de satisfacción nos narran como después de muchos años de guerra, y muchos años de permanecer escondidos en los contornos inhabitados de la Florida, finalmente hacia los años 50, el gobierno americano reconoció debidamente a los Seminoles. Al darse cuenta que podían mantenerse, sin ser una carga, les permitieron conservar sus costumbres y establecerse en tierras propias. Fue para ellos un honor de un sabor agridulce: esta Tribu cuyos antepasados fueron simplemente unos indígenas, ahora se les otorga un estado oficial por un gobierno que una vez trató de re-localizarlos o de simplemente exterminarlos. De aquí las palabras que inscribieron en una piel de ciervo “no deseamos volvernos hombres blancos, sólo queremos permanecer indios”.

El haberse mantenido firmes en transmitir, a través de las generaciones, las grandes enseñanzas de sus antepasados los mantiene alertas para poder establecer un balance entre la tecnología y los adelantos modernos. Tratan de no dejarse arropar por esta fuerza abrumadora, ya que su mayor reto es mantener la cultura Seminole mientras operan en el influjo de la economía.

Seminoles hoy

Al presente, la tribu Seminole mantiene cinco reservaciones separadas, desde Tampa hacia el Sur de la Florida. Valiéndose por ellos mismos a través de la ganadería, la pesca, la industria del tabaco, las cirrosas y las artesanías, mantienen su propio sistema de salud, librerías, escuelas, bomberos, policías y todas las demás dependencias gubernamentales necesarias en una comunidad de estos tiempos modernos.

Conversando con Celeste, una joven muy amable, tejedora de cestos, pudimos observar que junto a ella se encontraba su madre quien confeccionaba muñecas con malla del corazón de las palmas. Así están madre e hija acompañadas en cada puesto artesanal. Nos dice Celeste, “además de disfrutar de las artesanías soy maestra y ahora al darnos cuenta de que nuestros niños no utilizan nuestra lengua como primer idioma, nos hemos dado a la tarea de comenzar a enseñar en las escuelas la lectura y escritura del mismo y así devolverle su sitial”.

En medio de nuestra conversación escuchamos un “mami” y con mucho orgullo nos presentaron aquel retoño que tan tiernamente llamaban “Gloria de la Mañana”. Otros pequeños recibían apoyo en sus juegos infantiles cuando se encontraban alrededor de los ancianos de la comunidad.

En los ancianos pudimos observar que los surcos de sus rostros irradian la belleza y el orgullo de ser Seminoles. A esto se le añade el reflejo de una mezcla: la satisfacción de haber luchado con honra por sus derechos, combinada con una preocupación genuina de no poder precisar los que prevalecerá, si la cultura que hasta ahora han logrado mantener o la influencia del mundo moderno. El tiempo tendrá la respuesta!Sus creencias, expresadas tanto en sus artesanías como en sus bailes, demuestran la firme convicción de la unidad total del hombre con el cielo, la tierra, el agua y el fuego para la integración total del mismo con el Universo. <











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