Home
Blog
REGIONES Puerto Rico
Caribe
Centroamerica
Norteamerica
Suramerica
Europa
Asia
RECUERDOS Frases de Amor
Pensamientos
Fotos
Recetas
» Contacto
Privacidad
Copyright
Sobre Nosotros

Subscribe To This Site
XML RSS
Add to Google
Add to My Yahoo!
Add to My MSN
Subscribe with Bloglines
 

Peninsula de Osa, una experiencia salvaje


Por: Fernando J. Rojas e Iraida Otero

> En nuestra travesía a la Peninsula de Osa, tan pronto nos abrochamos el cinturón del avión de COPA intuimos cuánto íbamos a disfrutar de nuestra estadía en Costa Rica. Al llegar al aeropuerto de San José, luego de un excelente viaje, ya nos estaba esperando Eduardo, el Presidente de Osa Verde y Mar, y sólo bastó un cruce de miradas para identificarnos mutuamente.


Poison dart Frog - Peninsula de Osa

"Poison Dart Frog" de la península cuyo veneno era usado por nativos para la caza. Foto: Olivier Lajuzan


Luego de registrarnos en un hotel de la ciudad, donde pasaríamos la noche, Eduardo nos llevó a pasear para que pudiéramos conocer algunos lugares muy interesantes y pintorescos pueblitos artesanales cercanos a la capital, ya que a la mañana siguiente partiríamos muy temprano.

A las seis de la mañana nos recogieron en un jeep para emprender nuestra travesía hacia la Peninsula de Osa, que se ubica al sureste de la costa del Pacífico y muy cerca de la frontera con Panamá.


Así fuimos alejándonos cada vez más de la capital ya a media tarde llegamos donde terminaba la carretera pavimentada, el resto de la travesía hacia la Peninsula de Osa fue por caminos de piedra.


Trayecto hacia la Peninsula de Osa

La trayectoria se convirtió en un espectáculo constante, la variedad de tonalidades, montañas altísimas, innumerables ríos, el calor en las cercanías de la capital, el frío intenso en lo alto de las montañas, las paradas en los puestos de frutas y los pequeños kioscos rústicos para comer. Todo unido a la camaradería que fluyó entre Eduardo, José, nuestro simpático conductor, y nosotros, nos permitió experimentar una combinación de sentimientos positivos.

Así fuimos alejándonos cada vez más de la capital ya a media tarde llegamos donde terminaba la carretera pavimentada, el resto de la travesía hacia la Peninsula de Osa fue por caminos de piedra. Ya empezábamos a sentir la cercanía de lo que sería nuestra aventura en la selva.

Corcovado Ecological Lodge

Cruzando el río Dos Brazos para llegar al albergue “Corcovado Ecological Lodge” sentíamos el caudal del río en los lados del jeep pero nos tranquilizaba la sonrisa de nuestro experimentado conductor.

En medio del trinar de los pájaros y el contacto cercano con la naturaleza nos recibió Talí, el amable propietario del albergue. No podía faltar el refresco de frutas frescas para completar nuestro recibimiento.

Este contacto cercano continuaba aún cuando estábamos en nuestra habitación ya que en éstas no había ventanas, sino un hueco de casi todo el ancho del cuarto con unos palos rústicos, haciendo las veces de una reja, y una cortina casi transparente. El follaje de la naturaleza nos deleitaba con su presencia tan cercana. Esa noche nos durmió la melodía de los sonidos de la noche, acompañados con la lluvia que completaba nuestro deleite.

Reserva Forestal el Corcovado

Muy temprano en la mañana, luego de disfrutar del suculento desayuno típico, nos esperaba nuestro guía, que también se llamaba José, para comenzar la excursión hacia el tope de la Reserva Forestal Corcovado a una altura de 550 metros. Calzando botas de goma cruzamos el río y emprendimos nuestra subida por los estrechos y fangosos senderos. Se escuchaban los tucanes, las lapas (guacamayos), vimos pequeñas ranas rojas, una que otra serpiente y cherengas (una variedad de conejo). También hay armadillos, monos cariblancos, osos perezoso, el pisote (de la familia de la zarugüeya) y jaguares. Entre toda esa belleza natural tan impresionante pudimos ver ceibas, el árbol de ajo, helicondias, helechos, plantas medicinales, infinidad de orquídeas silvestres, entre otros. Como dato interesante nos comenta José que el tucán cuando encuentra comida en un árbol, primero come él, luego los otros machos y por último las hembras.

Ya en el tope fuimos hacia un claro donde un rancho sin paredes nos esperaba para un merecido descanso. Las hamacas y los pedazos de colchón sobre unas tablas fueron nuestro bálsamo mientras José, nuestro guía, nos preparaba el almuerzo en el fogón de la leña. La belleza de este lugar desde donde podíamos ver todo el paisaje, incluyendo las aguas del Golfo Dulce y la paz que se experimenta se convierten en una experiencia casi indescriptible. Después del almuerzo y su consabido reposo, emprendimos nuestro recorrido de regreso al albergue.


Pareja de Gaviotas - Peninsula de Osa

Pareja de Gaviotas de la península. Foto: Jesus Martin

Golfo Dulce

Al día siguiente, nos dirigimos hacia el Golfo Dulce, en la boca del Pacífico, donde se encuentra el último recurso de bosque húmedo de Centro América. Allí nos esperaban Alberto y Marielos en su pequeña embarcación para llevarnos por un paseo por este golfo poblado de delfines. Serenos como ese mar, suave como el viento que nos acaricia, felices de su vida sencilla que no la cambian por ninguna riqueza material, así es la sensibilidad de todas las personas que fuimos conociendo en nuestra travesía.

Nos dijeron que en unas investigaciones que hiciera Jack Cousteau, dedujo que la península se formó de la explosión de un volcán donde ahora es le golfo. Se entiende que esta teoría puede ser cierta pues aún en las montañas se pueden encontrar fósiles.

Debido a la localización geográfica de la Peninsula de Osa, el clima, suelo y topografía, esta área es hogar de una impresionante diversidad de especies biológicas. Las playas de la Peninsula de Osa son de arena oscura, sin embargo la belleza de la espuma blanca y el frío de los vientos al entrar al bosque crean una neblina densa para un ambiente casi de ensueño. <

Sigue tu sueños....










Volver de Peninsula de Osa a América Central